Don West y el descubrimiento de la buena música
Soul australiano grabado en cinta, con reverb de los 70 y una voz que suena a clásico sin sentirse vieja.
4 min de lecturaCómo lo descubrí
A Don West lo descubrí como se descubren hoy muchas cosas: haciendo scroll sin esperar nada. Me salió un post patrocinado en Instagram y empezó a sonar Small Change. Antes de que terminara ya lo estaba buscando.
Hay canciones que te llaman la atención, y luego están las que consiguen pararte del todo. Esta fue una de esas.
Don West es un artista de Sydney que hace soul con una naturalidad que desarma. Su disco debut, Give Me All Your Love, suena a otra época, sí, pero no como una copia ni como un homenaje forzado. Suena vivo, cuidado y muy de verdad.
El sonido
Lo primero que se nota es la producción. Nathan Hawes grabó el disco entero en cinta y con micrófonos vintage, y eso se escucha enseguida. Hay calor, espacio, aire. La reverb no parece añadida después, parece estar ya en la habitación. Los metales tienen cuerpo, las armonías respiran y todo tiene esa textura analógica que muchos persiguen y muy pocos consiguen de verdad.
Las referencias están ahí. Hay algo de Marvin Gaye, algo de Al Green, incluso de ese soul revival que han mantenido tan vivo artistas y sellos como Daptone. Pero lo bueno es que Don West no se queda atrapado en la referencia. No da la sensación de estar disfrazándose de otra época. Da la sensación de haber entendido muy bien esa música y de saber hacerla suya.
Y luego está la voz. Tiene un timbre suave, elegante, muy fácil de reconocer. No fuerza nada, no intenta impresionar todo el rato, no sobreactúa. Simplemente cae en el sitio correcto.
Las canciones
La primera canción que escuché fue Small Change, y seguramente no podía haber mejor puerta de entrada. Tiene esa mezcla de inmediatez y estilo que hace que quieras saber quién está cantando. Fue esa canción, en un anuncio cualquiera de Instagram, la que me llevó al disco entero.
Day To Night abre el álbum marcando muy bien el tono general: funk contenido, guitarra limpia, groove constante y una voz que entra con total naturalidad.
Julia tiene uno de esos estribillos que entran rápido y se quedan. Es directa, melódica y muy fácil de volver a poner. De esas canciones que reconoces casi desde el primer compás.
So High es para mí uno de los puntos más altos del disco. Las teclas se abren más, el saxo gana protagonismo y todo se vuelve un poco más ambicioso sin perder el equilibrio.
Dreamin baja el ritmo y cambia la luz. Es más íntima, más ligera, casi etérea. Le sienta muy bien al conjunto porque da espacio para respirar.
Y Send It Back es uno de esos temas que terminan quedándose contigo. Tiene un groove muy marcado y un aire ligeramente más contemporáneo que el resto del disco. De hecho, fue escuchando esta canción cuando terminé de convencerme de que tenía que escuchar el álbum entero.
Lo que lo hace especial
Lo fácil sería decir que suena retro, pero sería injusto. Lo interesante de Don West no es que mire al pasado, sino cómo lo hace. Coge una tradición muy reconocible, la del soul de los sesenta y setenta, y la pasa por su propio filtro sin convertirla en un ejercicio de nostalgia vacía.
Aquí las canciones están bien escritas, los arreglos tienen intención y todo parece hecho con gusto. Incluso cuando el disco se mueve dentro de una misma atmósfera, no da la sensación de repetirse por falta de ideas, sino de estar construyendo una identidad.
Un descubrimiento que merece la pena
Don West tiene ya millones de oyentes mensuales en Spotify, pero todavía conserva algo que me gusta mucho cuando descubro a alguien: la sensación de haber llegado antes de que sea completamente evidente para todo el mundo.
Y quizá por eso también apetece tanto recomendarlo.